
España ha dado un enorme paso tecnológico que puede influir no solo en el sector energético, sino también en todo el futuro de la industria de las criptomonedas. La empresa finlandesa Wärtsilä ha puesto en marcha con éxito en la localidad de Bermeo, al norte del país, el primer generador eléctrico a gran escala del mundo que funciona al 100 % con hidrógeno puro. Científicos y desarrolladores consideran que este proyecto supone un avance mundial en el ámbito de la generación de electricidad sin emisiones de carbono.
La minería de Bitcoin y otros activos digitales sigue siendo uno de los procesos que más energía consumen en la economía digital. Por eso, cualquier fuente de energía estable atrae automáticamente la atención de toda la industria de las criptomonedas. Según estimaciones del Centro de Finanzas Alternativas de Cambridge, la red global de Bitcoin consume anualmente más de 150 TWh de electricidad, lo que es comparable al consumo energético de algunos países pequeños.
El nuevo motor de hidrógeno Wärtsilä 31H2 ha sido la primera demostración a gran escala del mundo de un generador que funciona exclusivamente con hidrógeno sin impurezas de gas natural. La tecnología está diseñada para equilibrar las redes eléctricas en los periodos en los que las centrales solares y eólicas no producen suficiente electricidad.
Si suponemos que un generador Wärtsilä 31H2 funciona a un nivel de unos 10 MW de potencia eléctrica durante todo el año, es capaz de generar aproximadamente 87,6 millones de kWh de electricidad. Con la eficiencia actual de los equipos, esto equivale a una producción potencial de entre 25 y 35 bitcoins al año. Por lo tanto, en dos años la cifra podría alcanzar los 50-70 BTC, y en tres años, los 75-105 BTC. A pesar de la buena dinámica teórica, el resultado final depende de la complejidad de la red, el tipo de cambio del bitcoin y el tipo de mineros.
Muchos países del mundo e instituciones científicas trabajan de forma activa y fructífera en la generación de energía a partir del hidrógeno. Sin embargo, entre los siete países que más activamente han investigado o implantado generadores y motores de hidrógeno solo figuran España (Universidad del País Vasco), Finlandia (Universidad Tecnológica LUT), Alemania (Universidad Técnica de Múnich), Japón (Universidad de Tokio), EE. UU. (Instituto Tecnológico de Massachusetts), Reino Unido (Imperial College de Londres) y Corea del Sur (Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea).
Los expertos en tecnología consideran que el uso de energía eléctrica generada a partir del hidrógeno para la minería de criptomonedas es técnicamente viable, pero la viabilidad económica de los proyectos dependerá del coste de producción del propio hidrógeno. Entre las consecuencias positivas se encuentran la ausencia casi total de emisiones de CO₂ y la posibilidad de garantizar un suministro energético estable a los centros de datos, incluso con una elevada proporción de generación solar y eólica. Un factor negativo es el coste de producción, bastante elevado. En la actualidad, el almacenamiento y el transporte del hidrógeno superan con creces los costes de las fuentes de energía tradicionales.
Sin embargo, el ámbito de aplicación de estas instalaciones es mucho más amplio. Los ámbitos de uso más probables serán: centros de datos e inteligencia artificial, sistemas de alimentación de reserva para redes eléctricas, la industria metalúrgica y química, la infraestructura de transporte y los puertos.
No cabe esperar una difusión masiva de los generadores de hidrógeno en los próximos cinco años. No obstante, en los próximos 10-15 años la situación podría cambiar radicalmente. Los programas internacionales de descarbonización, el desarrollo de las energías renovables y la reducción del coste del hidrógeno pueden convertir estas instalaciones en un elemento habitual de los sistemas energéticos. Y, si el coste de producción del hidrógeno sigue bajando, esta tecnología podría suministrar energía tanto a las granjas de criptomonedas como a sectores enteros de la economía, acelerando la transición global hacia una energía con bajas emisiones de carbono.