
El estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por la que transita alrededor del 20 % de los suministros globales de petróleo, gas natural licuado (GNL) y diversos productos industriales, entre ellos, productos electrónicos y ganado. En un contexto de gran tensión geopolítica en la región, ha surgido una nueva amenaza: las criptomonedas se utilizan como herramienta para estafas dirigidas a armadores y capitanes.
La situación en torno al estrecho de Ormuz muestra un nuevo nivel de evolución del fraude, ya que las criptomonedas se están convirtiendo en un instrumento global de manipulación en la logística marítima mundial. Así, según datos operativos de especialistas mundiales en ciberseguridad, más del 60 % de las nuevas estafas en 2025 incluían las criptomonedas como instrumento de pago. Al mismo tiempo, The Washington Post informa a la comunidad internacional: «El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha declarado que suspende la nueva operación militar destinada a despejar la ruta de tránsito a través del estrecho de Ormuz para los buques mercantes. Esto ha detenido una misión que acababa de comenzar, mientras que más de 1500 buques mercantes siguen a la espera de poder atravesar esta vía marítima de importancia crítica bloqueada por Irán».
En general, en los años 2025-2026, las compañías navieras internacionales comenzaron a recibir mensajes extraños con la propuesta de pagar un «paso garantizado» por el estrecho. A pesar de ello, las autoridades oficiales de Irán no cobran ningún arancel en criptomoneda por el paso por el estrecho, ya que la navegación se rige por el derecho marítimo internacional.
La mayoría de los mensajes de spam dicen algo así como: «Tras la presentación de los documentos y la evaluación de su conformidad con los requisitos por parte de los servicios de seguridad iraníes, podremos determinar el importe de la tasa que debe abonarse en criptomoneda (BTC o USDT). Solo entonces su buque podrá atravesar el estrecho sin obstáculos en la hora acordada previamente».
Cabe señalar que tales exigencias no están previstas en el derecho marítimo internacional, no son reconocidas por ningún Estado y se clasifican como estafa financiera. En la mayoría de los países, este tipo de acciones conllevan una severa responsabilidad penal.
Cómo funciona la estafa
Los estafadores se hacen pasar por uno de los «servicios de seguridad» o por intermediarios. El armador o el capitán recibe una carta o un mensaje en una aplicación de mensajería en el que se le exigen documentos para su verificación y se le impone un «arancel» en BTC/USDT. Los estafadores desaparecen rápidamente tan pronto como la criptomoneda llega a sus cuentas.
El fraude en la logística marítima tiene un amplio alcance geográfico. Se registran estafas similares en los Emiratos Árabes Unidos (centros logísticos), Singapur (rutas marítimas) y la mayoría de las jurisdicciones offshore. Los especialistas señalan que se trata de una estafa clásica y probada que utiliza ingeniería social, adaptada a la logística marítima.
La respuesta a la pregunta de qué deben hacer los armadores y capitanes es obvia:
Verificar siempre la fuente de la información. Todos los pagos se realizan a través de canales financieros oficiales, y las autoridades competentes no exigen el pago en criptomonedas.
Ignorar cualquier solicitud de pago en BTC/USDT. Cualquier solicitud de pago de un arancel oficial en criptomonedas es una estafa.
Denunciar los incidentes ante la Organización Marítima Internacional, la policía internacional y las fuerzas del orden nacionales.
Los estafadores utilizan las plataformas y monedas criptográficas debido al anonimato de las transacciones, la rapidez de las transferencias internacionales, la dificultad para rastrear los pagos y la imposibilidad de recuperar los fondos.
En la actualidad, la lucha integral contra el fraude con criptomonedas se lleva a cabo en varios niveles: información a las compañías navieras, rastreo de monederos de criptomonedas, cooperación internacional entre las fuerzas del orden, seguimiento de los esquemas ya existentes y modelización de nuevas amenazas. En el proceso participan organismos como los reguladores financieros internacionales y el FBI.