
Todavía recuerdo aquella noche de estudiantes. En el círculo de estudiantes, la llamaban en broma «la fiesta de los frikis». Fui allí con un vestido ligero pero cómodo y con la sensación de que no encajaba del todo en ese grupo de personas sorprendentemente inteligentes y torpes. En un rincón, dos chicos mantenían una conversación en voz alta y uno de ellos explicaba con entusiasmo qué es la criptomoneda, cómo funciona Bitcoin o por qué Ethereum puede crecer incluso por la noche, cuando Wall Street lleva mucho tiempo durmiendo y los mercados tradicionales están en silencio. Escuchaba y, en mi mente, imaginaba un mundo en el que las inversiones no conocían fronteras, en el que el blockchain y el trading nocturno podían generar beneficios mientras la mayoría de la gente dormía. Entonces aún no sabía que eso formaría parte de mi vida.
Mis primeras inversiones en criptomonedas fueron ridículas. Pero así empecé a estudiar y analizar el mercado de los activos digitales. Mientras escuchaba música con los auriculares, observaba cómo las tendencias nocturnas a veces mostraban una rentabilidad mayor que las agotadoras sesiones diurnas. No buscaba ganar dinero rápido, sino que aprendía y trataba de construir un sistema.
Pasaron los años. Mi cartera crecía, al igual que mi confianza. A veces me invitaban a conferencias internacionales sobre blockchain. Además, asesoraba a inversores de forma privada y creaba mis propias estrategias de gestión de riesgos y derechos de autor. Por el nivel de inversiones y beneficios, podría haber entrado en las listas de las personas más ricas e influyentes de la revista Forbes. Una mujer en la flor de la vida, con un capital que se medía en millones de euros y dólares estadounidenses. Las puertas del gran mundo de la economía se abrían ante mí, pero mi corazón quería establecerse entre Marbella, donde las cálidas tardes huelen a mar, y San Sebastián, donde el verde de las colinas abraza la bahía de La Concha. Además, me gustaba pensar y, al mismo tiempo, disfrutar de la Costa Brava, donde los acantilados y las aguas turquesas crean paisajes perfectos. Porque, en mi opinión, el verdadero lujo es poder elegir la tranquilidad y una vida familiar feliz en la costa española.
Ahora no me despiertan las notificaciones de la bolsa en modo «Intraday» y «Overnight», sino el sonido de las olas. Sigo elaborando estrategias, invirtiendo en criptomonedas, analizando Bitcoin y Ethereum. Pero lo hago desde la terraza, donde juega mi hijo y donde el sol, cansado al atardecer, se pone lentamente en el horizonte.
Aquella noche de estudiante, fui a la fiesta «adecuada». Y si me preguntan cuál es el secreto del éxito, responderé con un par de frases: no solo hay que seguir los periodos desde la apertura hasta el cierre de las operaciones y desde el cierre hasta la apertura. Hay que invertir en un sueño, no solo en activos digitales.