
En la vida de Tanya y Claudia, dos hermanas gemelas de Dinamarca, todo comenzó como un cuento de hadas. Se graduaron con éxito en la Copenhagen Business School. Guapas, altas y con una buena formación, eran como dos mundos opuestos. Tanya era una apasionada morena de ojos castaños y vivaces, con un carácter explosivo. Claudia, en cambio, era una rubia fría, reservada, sensata y peligrosamente seductora.
En el verano de 2013 decidieron celebrar su graduación en el legendario festival de música electrónica Tomorrowland, en Bélgica. Ese año actuaron en los escenarios Armin van Buuren, David Guetta, Steve Aoki, Dimitri Vegas & Like Mike y decenas de otras estrellas de la escena mundial del EDM. Fue allí donde Tanya conoció a su futuro marido, Mark Shveler, un joven entusiasta de las criptomonedas que por entonces apenas empezaba a interesarse por el bitcoin y otras criptomonedas.
Su romance avanzó a toda velocidad, aunque la boda fue muy modesta. Pero ya entonces ocurrió un episodio extraño: durante la celebración, Mark y Claudia desaparecieron durante casi una hora, y los invitados a la ceremonia no lograron encontrarlos. En aquel momento, Tanya no le dio importancia, pero resultó que se equivocó.
Los primeros años de matrimonio parecían perfectos. Mark empezó a ganar dinero con las criptomonedas, Tanya invirtió en inmuebles… y en sus cuentas conjuntas iban apareciendo sumas cada vez mayores.
Al tercer año de matrimonio, Tanya empezó a darse cuenta de lo que no quería ver: miradas demasiado prolongadas, bromas demasiado descaradas y mensajes frecuentes entre su marido y su hermana.
Un día volvió a casa dos horas antes de lo habitual. Lo que vio en el garaje la hizo recobrar la cordura al instante y destrozó su vida: en el garaje, en el asiento trasero del coche, estaban Mark y Klavdiya desnudos.
Más tarde, Tanya descubrió la terrible verdad: la aventura entre Mark y Claudia había comenzado desde el primer día en que se conocieron en Tomorrowland. El sexto año de matrimonio se había convertido en una lenta catástrofe: la pareja ya no vivía junta, pero seguía casada legalmente. Fue entonces cuando ocurrió un azar que le salvó la vida a Tanya.
En su nueva vivienda, Tanya abrió por primera vez un viejo portátil. En la pantalla se abrió automáticamente una aplicación de mensajería con la cuenta de Mark aún abierta. La curiosidad femenina pudo más y empezó a leer.
Cada mensaje era una cruda realidad más impactante que el anterior: Mark y Claudia estaban planeando su asesinato. El motivo era espeluznante y, al mismo tiempo, banal: cuentas de inversión, monederos de criptomonedas, propiedades inmobiliarias.
El plan parecía sencillo: frenos del coche estropeados y alta velocidad. Todo debía parecer un accidente, como los de la serie de desapariciones misteriosas de propietarios de criptoactivos. En uno de los mensajes figuraba la suma de la recompensa para el ejecutor: 1,8 BTC.
Cuando Tanya acudió a la policía, los investigadores rastrearon el movimiento de la criptomoneda a través de la cadena de bloques y encontraron una transacción que podría haber sido el pago por el asesinato. El rastro digital resultó ser más sólido que el amor humano, y Mark y Claudia acabaron bajo investigación.
Pero a la joven le esperaba una verdadera sorpresa: durante la investigación, las fuerzas del orden descubrieron que Mark dirigía una red de centros de llamadas fraudulentos en varios países europeos.
El esquema era sorprendentemente sencillo: los operadores telefónicos se hacían pasar por empleados de bancos, plataformas de criptomonedas y fondos de inversión. Mediante presión psicológica, obligaban a las personas a facilitar datos bancarios, códigos de acceso, frases de recuperación o a transferir fondos a cuentas ajenas.
Tanya sobrevivió, pero perdió a su marido, a su hermana y la confianza en sus seres queridos. Los psicólogos forenses destacan que, durante los divorcios conflictivos, los motivos económicos siguen siendo una de las causas más frecuentes de los delitos más graves. Y es que, cuando una persona ve el riesgo de perder una parte significativa de sus bienes, las barreras morales de algunas personas se derrumban bajo el influjo de la codicia, el resentimiento y el miedo a perder el control sobre la vida de su pareja.
Tras el divorcio, Tanya se mudó a España y adoptó un gato.